Todo lo que tenemos que aprender de nuestros mayores.
Los seres humanos estamos en constante evolución. Más bien, somos evolución. Y eso mismo es lo que nos hace únicos y especiales, lo que nos define.
Aun así, aunque la evolución sea uno de nuestros aspectos más importantes, es importante asumir que muchas veces evolucionamos para mal, no siempre para mejorar.
Actualmente, con el desarrollo de las nuevas tecnologías, nuestra vida ha dado un giro de 180 grados respecto a antaño. Estas son muy beneficiosas para muchos aspectos de nuestra vida, nos ayudan a mejorar, a crecer, a enriquecernos, a aprender...
Pese a ello, es importante asumir que no siempre nos traen cosas buenas, ya que con el desarrollo de las redes sociales hemos perdido costumbres que jamás tendríamos que haber perdido. O más bien, hemos cambiado o ganado hábitos que jamás deberíamos haber ganado.
Ya era consciente de ello, pero ayer lo constaté por completo.
Ayer estuve con mi tía abuela (prácticamente una abuela más para mi) viendo fotos de sus viajes a lugares como Ámsterdam, Brujas, Bruselas, Londres...
Me fascinó la poca importancia que le dio a las fotos. Es curioso, ¿eh? Es curiosa la diferencia entre nuestras forma de pensar actual y la de las personas hace unos años.
Es curioso como ahora, cuando viajamos (y yo la primera) no podemos pasar un segundo sin hacer una foto, un vídeo, o las dos cosas a la vez. No podemos pasar un minuto sin mirar el móvil, subir a instagram o a cualquier otra red social todo aquello que hacemos o vemos.
En este caso, ojalá no haber avanzado, haber seguido viajando sin la necesidad de hacer fotos cada minuto (o incluso segundo), sin preocuparnos por cómo salimos en esas fotos, ni si salen borrosas, si se ve el monumento entero o sino.
Cada vez que hablo con una persona mayor, me doy más cuenta de lo mucho que tenemos que aprender de ellas, en absolutamente todos los aspectos de nuestra vida, porque os aseguro que os sorprendería la alegría y la vitalidad con la que mi tía vive la vida a sus 82, con la felicidad con la que me contaba cada uno de sus viajes y cada uno de los sitios que visitaba, además de la despreocupación por las fotos, por cómo salieron, como eran, y si estaban o no organizadas.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Aun así, aunque la evolución sea uno de nuestros aspectos más importantes, es importante asumir que muchas veces evolucionamos para mal, no siempre para mejorar.
Actualmente, con el desarrollo de las nuevas tecnologías, nuestra vida ha dado un giro de 180 grados respecto a antaño. Estas son muy beneficiosas para muchos aspectos de nuestra vida, nos ayudan a mejorar, a crecer, a enriquecernos, a aprender...
Pese a ello, es importante asumir que no siempre nos traen cosas buenas, ya que con el desarrollo de las redes sociales hemos perdido costumbres que jamás tendríamos que haber perdido. O más bien, hemos cambiado o ganado hábitos que jamás deberíamos haber ganado.
Ya era consciente de ello, pero ayer lo constaté por completo.
Ayer estuve con mi tía abuela (prácticamente una abuela más para mi) viendo fotos de sus viajes a lugares como Ámsterdam, Brujas, Bruselas, Londres...
Me fascinó la poca importancia que le dio a las fotos. Es curioso, ¿eh? Es curiosa la diferencia entre nuestras forma de pensar actual y la de las personas hace unos años.
Es curioso como ahora, cuando viajamos (y yo la primera) no podemos pasar un segundo sin hacer una foto, un vídeo, o las dos cosas a la vez. No podemos pasar un minuto sin mirar el móvil, subir a instagram o a cualquier otra red social todo aquello que hacemos o vemos.
En este caso, ojalá no haber avanzado, haber seguido viajando sin la necesidad de hacer fotos cada minuto (o incluso segundo), sin preocuparnos por cómo salimos en esas fotos, ni si salen borrosas, si se ve el monumento entero o sino.
Cada vez que hablo con una persona mayor, me doy más cuenta de lo mucho que tenemos que aprender de ellas, en absolutamente todos los aspectos de nuestra vida, porque os aseguro que os sorprendería la alegría y la vitalidad con la que mi tía vive la vida a sus 82, con la felicidad con la que me contaba cada uno de sus viajes y cada uno de los sitios que visitaba, además de la despreocupación por las fotos, por cómo salieron, como eran, y si estaban o no organizadas.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

Comentarios
Publicar un comentario