De la gloria al fracaso hay un solo paso.

Esta semana me he enterado del caso del equipo de fútbol Hércules CF, el equipo de fútbol del que es mi familia paterna, ya que son de Alicante, y con lo cual pues yo también soy un poco de este equipo.
La cuestión es que el junio pasado asistimos a un partido del Hércules, en el que se jugaba subir a segunda división. Y cuál es mi sorpresa este fin de semana, que va último en la liga de Segunda B y que está apunto de bajar a tercera, incluso desaparecer.
Y con este ejemplo me doy cuenta una vez más de lo fácilmente que todo varía, cambia y desaparece.

Pienso que nunca hay que confiarse. Tan pronto como estás arriba, súper bien, en súper buena posición, puedes estar abajo, sin esperanzas, y con la moral por los suelos.

Y claro, esta situación es aplicable a cualquier aspecto de nuestra vida, porqué, ¿cuántas veces hemos dejado de trabajar y seguir luchando por ya encontrarnos en una situación cómoda de la que no queremos bajar?  Seguramente muchas.

No hay que confiarse. Nunca. Si nos confiamos, puede que todo los esfuerzos que hayamos empleado para llegar hasta ahí, caigan en picado y se echen a perder.

Porqué también hay veces que, cuando estamos en lo más alto, nos olvidamos de donde venimos, de todo por lo que hemos tenido que pasar y todo lo que hemos tenido que luchar para llegar hasta ahí. Y en ese momento, creo que es en el que perdemos todos, cuando nos olvidamos de donde venimos.
Siempre, para todas las decisiones que tomemos en la vida, hay un punto de partida, que por muy humilde que sea, es el nuestro, y creo que hay que “presumir” de él como lo que es, la situación de dónde partimos, y a partir de la cual empezamos a crecer.
Porqué quizá, sin ese punto de partida, no habríamos podido llegar hasta donde estamos ahora.

Ojalá nunca olvidarnos de nuestros orígenes, no creernos más de lo que somos, y por tanto, no confiarnos, para no perder todo lo que hemos avanzado.

Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

Comentarios

Entradas populares