Otro año más.
Queridos lectores,
En tan solo dos días decimos adiós al 2019. Otro año más que pasa. Y ahora, a pocos días de cambiar de década, la mayoría de mortales comenzamos a hacer un repaso de lo que ha sido nuestro año. Repasamos nuestros más y nuestro menos, los buenos momentos y no tan buenos. Las personas que han llegado, y las que, por una razón u otra, ya no están.
Seguramente todos hayamos reído, llorado, cantado, bailado, disfrutado, sufrido, conocido, viajado, leído, aprendido... Probablemente, no todos hayamos actuado de la misma manera ni hayamos vivido lo mismo, de eso estoy casi segura.
Pero de lo que también estoy segura es de que, cada uno a su manera, hemos crecido, tanto física como mentalmente. Pero creerme si os digo que me importa mucho más mentalmente. Es tan importante aprender y crecer con cada una de las cosas que nos pasan. Sé que es duro, lo sé perfectamente, pero cada uno de nosotros tenemos que intentar llevar cada una de las cosas que nos ocurren (buenas y no tan buenas) al aprendizaje y al crecimiento personal. Saber ver el lado positivo de las cosas, aunque muchas veces parezca imposible. Quedarse con los buenos recuerdos, y cada noche antes de dormir recordar todas las cosas buenas que nos han pasado durante el día, porqué os aseguro que por muy malo que haya sido nuestro día, hay algo bonito que recordar al final de él.
No suelo hablar mucho de mi experiencia personal, siempre hago las reflexiones a modos muy generales, sin ponerme yo como ejemplo, porqué me parece cuánto menos, egocéntrico. Pero en este caso creo que la ocasión lo merece.
Haciendo un balance de este año, he vivido muchísimas cosas buenas. He conocido a personas fantásticas, he olvidado los prejuicios a la hora de conocer a la gente, he aprendido a quererme más a mi misma, a disfrutar cada momento sin olvidar que nada es para siempre, he aprendido a apartar lo que no me aporta, he viajado, leído, conocido... Y todo ello me ha hecho vivir momentos muy felices.
Aún así, no todo es perfecto, y a principio de año perdí a una de las personas que más quería en el mundo, a mi abuela. Cuando ella se fue, una parte de mí se fue también con ella. Desde que nací éramos uña y carne, nos encantaba hacer cosas juntas y contarnos todo. Su pérdida fue muy dura, y lo sigue siendo. Pero a partir de ello, he aprendido a disfrutar más si cabe de lo que lo hacía antes de los míos, a aceptar que nada es para siempre, y que hay que apreciar lo que tenemos todos y cada uno de los días de nuestra vida, puesto que no sabemos hasta cuando va a durar. Y es triste pero es así. La vida suele darnos golpes muy duros, y es por ello que hay que disfrutar los momentos buenos y bonitos que nos brinda.
Ojalá que este año 2020 nos brinde muchos buenos momentos, aprendizajes y cosas bonitas, que estoy segura que, por una razón o por otra, todos lo merecemos.
Gracias por leerme. Siempre. Y feliz año.
Ainoa
En tan solo dos días decimos adiós al 2019. Otro año más que pasa. Y ahora, a pocos días de cambiar de década, la mayoría de mortales comenzamos a hacer un repaso de lo que ha sido nuestro año. Repasamos nuestros más y nuestro menos, los buenos momentos y no tan buenos. Las personas que han llegado, y las que, por una razón u otra, ya no están.
Seguramente todos hayamos reído, llorado, cantado, bailado, disfrutado, sufrido, conocido, viajado, leído, aprendido... Probablemente, no todos hayamos actuado de la misma manera ni hayamos vivido lo mismo, de eso estoy casi segura.
Pero de lo que también estoy segura es de que, cada uno a su manera, hemos crecido, tanto física como mentalmente. Pero creerme si os digo que me importa mucho más mentalmente. Es tan importante aprender y crecer con cada una de las cosas que nos pasan. Sé que es duro, lo sé perfectamente, pero cada uno de nosotros tenemos que intentar llevar cada una de las cosas que nos ocurren (buenas y no tan buenas) al aprendizaje y al crecimiento personal. Saber ver el lado positivo de las cosas, aunque muchas veces parezca imposible. Quedarse con los buenos recuerdos, y cada noche antes de dormir recordar todas las cosas buenas que nos han pasado durante el día, porqué os aseguro que por muy malo que haya sido nuestro día, hay algo bonito que recordar al final de él.
No suelo hablar mucho de mi experiencia personal, siempre hago las reflexiones a modos muy generales, sin ponerme yo como ejemplo, porqué me parece cuánto menos, egocéntrico. Pero en este caso creo que la ocasión lo merece.
Haciendo un balance de este año, he vivido muchísimas cosas buenas. He conocido a personas fantásticas, he olvidado los prejuicios a la hora de conocer a la gente, he aprendido a quererme más a mi misma, a disfrutar cada momento sin olvidar que nada es para siempre, he aprendido a apartar lo que no me aporta, he viajado, leído, conocido... Y todo ello me ha hecho vivir momentos muy felices.
Aún así, no todo es perfecto, y a principio de año perdí a una de las personas que más quería en el mundo, a mi abuela. Cuando ella se fue, una parte de mí se fue también con ella. Desde que nací éramos uña y carne, nos encantaba hacer cosas juntas y contarnos todo. Su pérdida fue muy dura, y lo sigue siendo. Pero a partir de ello, he aprendido a disfrutar más si cabe de lo que lo hacía antes de los míos, a aceptar que nada es para siempre, y que hay que apreciar lo que tenemos todos y cada uno de los días de nuestra vida, puesto que no sabemos hasta cuando va a durar. Y es triste pero es así. La vida suele darnos golpes muy duros, y es por ello que hay que disfrutar los momentos buenos y bonitos que nos brinda.
Ojalá que este año 2020 nos brinde muchos buenos momentos, aprendizajes y cosas bonitas, que estoy segura que, por una razón o por otra, todos lo merecemos.
Gracias por leerme. Siempre. Y feliz año.
Ainoa

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