Todo fluye.
“Que todo fluya y nada influya”, o al menos, eso dicen. Ahora bien, es como todo, es tan fácil decirlo y tan difícil llevarlo a la práctica.
Todo fluye, todo cambia, continuamente. El tiempo cambia, las modas cambian, nuestro círculo cambia, los gustos cambian, las ideas cambian... hasta incluso nosotros, las personas, cambiamos continuamente.
No habrá día que nos acostemos igual que nos habíamos despertado. Nos acostamos sabiendo algo nuevo, conociendo alguna novedad, que hace que no seamos los mismos, que algo en nosotros haya cambiado. Y eso, dejadme que os diga es muy muy especial. No sólo que ese hecho ocurra, sino que nosotros seamos conscientes de ese cambio, de esa evolución, y así, estar orgullosos de nosotros mismos por haber sabido aprovechar ese cambio para crecer y ser mejores al día siguiente.
Pero volviendo al tema de los cambios, nuestras decisiones, nuestro día a día también cambia. Y seguramente nos sintamos mal, nos achantemos, tengamos miedo, de enfrentarnos a esos cambios. Y será lo más normal del mundo, puesto que la reacción más humana que podemos tener es el miedo. Miedo a perder lo que hemos conseguido, miedo a avanzar, miedo en definitiva a esos cambios.
Lo que si que tengo claro es que (aunque suene a tópico) cuando una puerta se cierra, se abren mil más, es decir, cuando una oportunidad no es, es porque no tenia que ser. Porque dejadme que os diga que lo de que “el tren pasa solo una vez” si que es un verdadero tópico, puesto que nuestra vida está continuamente plagada de trenes que pasan y pasan sin parar, a los cuales podemos subir siempre que nos apetezca.
Por eso mismo os digo que los cambios siempre son para bien, siempre nos aportan algo positivo, ese algo de lo que aprender para la próxima vez saber cómo reaccionar y adaptarnos mejor a ellos. Y que si algo ha cambiado, tiene su significado. Porque todo pasa por algo, por alguna razón. Porque si algo cambia, se acaba, desparece... es porque nos espera una oportunidad mejor.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Todo fluye, todo cambia, continuamente. El tiempo cambia, las modas cambian, nuestro círculo cambia, los gustos cambian, las ideas cambian... hasta incluso nosotros, las personas, cambiamos continuamente.
No habrá día que nos acostemos igual que nos habíamos despertado. Nos acostamos sabiendo algo nuevo, conociendo alguna novedad, que hace que no seamos los mismos, que algo en nosotros haya cambiado. Y eso, dejadme que os diga es muy muy especial. No sólo que ese hecho ocurra, sino que nosotros seamos conscientes de ese cambio, de esa evolución, y así, estar orgullosos de nosotros mismos por haber sabido aprovechar ese cambio para crecer y ser mejores al día siguiente.
Pero volviendo al tema de los cambios, nuestras decisiones, nuestro día a día también cambia. Y seguramente nos sintamos mal, nos achantemos, tengamos miedo, de enfrentarnos a esos cambios. Y será lo más normal del mundo, puesto que la reacción más humana que podemos tener es el miedo. Miedo a perder lo que hemos conseguido, miedo a avanzar, miedo en definitiva a esos cambios.
Lo que si que tengo claro es que (aunque suene a tópico) cuando una puerta se cierra, se abren mil más, es decir, cuando una oportunidad no es, es porque no tenia que ser. Porque dejadme que os diga que lo de que “el tren pasa solo una vez” si que es un verdadero tópico, puesto que nuestra vida está continuamente plagada de trenes que pasan y pasan sin parar, a los cuales podemos subir siempre que nos apetezca.
Por eso mismo os digo que los cambios siempre son para bien, siempre nos aportan algo positivo, ese algo de lo que aprender para la próxima vez saber cómo reaccionar y adaptarnos mejor a ellos. Y que si algo ha cambiado, tiene su significado. Porque todo pasa por algo, por alguna razón. Porque si algo cambia, se acaba, desparece... es porque nos espera una oportunidad mejor.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

Comentarios
Publicar un comentario