La cara más triste del fútbol femenino
Hace unos cuantos días se celebró la ceremonia del Balón de Oro, ceremonia donde se premia a los mejores futbolistas del mundo. Se lleva celebrando desde 1956 y este año ha sido el primero en que se ha creado una categoría femenina, y por tanto, se ha entregado un premio a una mujer futbolista. En este caso, la ganadora fue la noruega Ada Stolsmo Hegerberg.
La ceremonia no estuvo marcada por la polémica de a quien se le había entregado este galardón, sino por el comentario totalmente fuera de lugar que realizó el DJ de la ceremonia al entregarle el premio a la futbolista con la pregunta de si sabía hacer twerking.
Para empezar hay que dejar claro que el premio era por jugar al fútbol y por haber conseguido que su equipo levantara el pasado año el trofeo de la Liga de su país, no por ser bailarina. Si hubiera ganado el trofeo por bailar me parecería la pregunta más coherente del mundo, pero no, lo ha ganado por ser la mejor en lo que hace: jugar al fútbol femenino.
Que la primera vez que se entregue este galardón en categoría femenina esté marcada por este suceso es tan ridículo, de verdad.
Intentamos avanzar. Incluir en esta ceremonia tan importante para el fútbol una categoría femenina, y con ello premiar a las futbolistas como se debe, al igual que se les ha premiado a los hombres desde siempre.
A ellos no solo se les ha premiado con un galardón, sino en mucho aspectos más, como la fama que se les da, el sueldo que ganan, o simplemente la diferencia entre el campo donde juegan ellas y el estadio donde juegan ellos.
Llegando más allá, por verles jugar a ellos se cobra una entrada de 50€ para arriba, y aún así se llena el campo. En cambio, para verles jugar a ellas no se cobra entrada y no se llena si la cuarta parte del campo.
Este hombre dio por sentado que por el simple hecho de ser mujer debe querer bailar o ser “provocativa”. Algo tan patético, pero a la vez real.
No solo fastidió la entrega con este comentario, sino que fastidió a la futbolista uno de los momentos más importantes de su vida con una pregunta que, bajo pensamiento de él, era “graciosa”. Una pregunta a la que se tuvo que enfrentar Ada por ser mujer. Una pregunta a la que a ningún hombre se le hubiera ocurrido formular.
Una pregunta que muestra una vez más la cantidad de personas retrógradas que quedan en el mundo. Una pregunta que nos muestra una vez más lo mucho que queda por hacer todavía.
Hacemos macro manifestaciones el día de la mujer, el día contra la violencia de genero; huelgas por la igualdad en las aulas, huelgas feministas...Y todo eso está muy bien, porque se nos tiene no solo que oír, sino también escuchar.
Pero la verdadera igualdad, la verdad justicia, la verdadera libertad de la mujer, no solo se debería encontrar en las manifestaciones.
Se tiene que ver en el día a día, en nuestra vida cotidiana. En las situaciones o momentos que tenemos que vivir por el simple hecho de ser mujeres, de tener que seguir unos roles que la misma sociedad, la misma sociedad que pide en ocasiones justicia y libertad, nos impone.
Porque situaciones como la que la FUTBOLISTA (que no se olvide) Ada Stolsmo vivió hace unos días durante la ceremonia del Balón de Oro, es de las situaciones que te hacen replantearte el si sirve para algo todo aquello que se intenta cambiar; o si seguimos igual que siempre, con la discriminación hacia la mujer por bandera y olvidando que todos somos seres humanos, que deberían tener las mismas posibilidades profesionales y personales.
La ceremonia no estuvo marcada por la polémica de a quien se le había entregado este galardón, sino por el comentario totalmente fuera de lugar que realizó el DJ de la ceremonia al entregarle el premio a la futbolista con la pregunta de si sabía hacer twerking.
Para empezar hay que dejar claro que el premio era por jugar al fútbol y por haber conseguido que su equipo levantara el pasado año el trofeo de la Liga de su país, no por ser bailarina. Si hubiera ganado el trofeo por bailar me parecería la pregunta más coherente del mundo, pero no, lo ha ganado por ser la mejor en lo que hace: jugar al fútbol femenino.
Que la primera vez que se entregue este galardón en categoría femenina esté marcada por este suceso es tan ridículo, de verdad.
Intentamos avanzar. Incluir en esta ceremonia tan importante para el fútbol una categoría femenina, y con ello premiar a las futbolistas como se debe, al igual que se les ha premiado a los hombres desde siempre.
A ellos no solo se les ha premiado con un galardón, sino en mucho aspectos más, como la fama que se les da, el sueldo que ganan, o simplemente la diferencia entre el campo donde juegan ellas y el estadio donde juegan ellos.
Llegando más allá, por verles jugar a ellos se cobra una entrada de 50€ para arriba, y aún así se llena el campo. En cambio, para verles jugar a ellas no se cobra entrada y no se llena si la cuarta parte del campo.
Este hombre dio por sentado que por el simple hecho de ser mujer debe querer bailar o ser “provocativa”. Algo tan patético, pero a la vez real.
No solo fastidió la entrega con este comentario, sino que fastidió a la futbolista uno de los momentos más importantes de su vida con una pregunta que, bajo pensamiento de él, era “graciosa”. Una pregunta a la que se tuvo que enfrentar Ada por ser mujer. Una pregunta a la que a ningún hombre se le hubiera ocurrido formular.
Una pregunta que muestra una vez más la cantidad de personas retrógradas que quedan en el mundo. Una pregunta que nos muestra una vez más lo mucho que queda por hacer todavía.
Hacemos macro manifestaciones el día de la mujer, el día contra la violencia de genero; huelgas por la igualdad en las aulas, huelgas feministas...Y todo eso está muy bien, porque se nos tiene no solo que oír, sino también escuchar.
Pero la verdadera igualdad, la verdad justicia, la verdadera libertad de la mujer, no solo se debería encontrar en las manifestaciones.
Se tiene que ver en el día a día, en nuestra vida cotidiana. En las situaciones o momentos que tenemos que vivir por el simple hecho de ser mujeres, de tener que seguir unos roles que la misma sociedad, la misma sociedad que pide en ocasiones justicia y libertad, nos impone.
Porque situaciones como la que la FUTBOLISTA (que no se olvide) Ada Stolsmo vivió hace unos días durante la ceremonia del Balón de Oro, es de las situaciones que te hacen replantearte el si sirve para algo todo aquello que se intenta cambiar; o si seguimos igual que siempre, con la discriminación hacia la mujer por bandera y olvidando que todos somos seres humanos, que deberían tener las mismas posibilidades profesionales y personales.

Comentarios
Publicar un comentario