Cada cual, a lo suyo
Cada mañana te levantas. Te has despertado con ganas de volverte a acostar. Tienes mucho sueño. Vas medio dormido en el bus al trabajo o a estudiar. Por la tarde, vuelves a casa igual, de la misma forma. Ignoras a la gente. Subes en el bus sin decir buenos días o buenas tardes. Te cruzas con la gente y ni les miras.
Cuando has bajado a comprar el pan esta mañana no te has fijado que la chica que vendía en el horno ya no es la misma que antes estaba, la anterior se ha puesto enferma y han contratado a una sustituta.
Hace unos días que no hablas con tus padres. Piensas que deberías llamarles.
Todavía no te has dado cuenta y ya ha pasado el día. Parece que hace diez minutos que te has levantado de la cama maldiciendo todo lo posible y ya estas otra vez en casa. Tienes que acabar unos presupuestos que no te ha dado tiempo a acabar en la oficina ya que tu jefe te ha dado para que le adelantes parte del suyo.
Has pasado todo el día sin fijarte en nada, pero sobretodo en nadie. No te has fijado que la chica que iba sentada a tu lado en el bus estaba llorando. Acababa de romper con su novio.
El hombre que estaba comprando el pan delante de ti no había dormido a penas porque volvía del hospital de cuidar a su hermana enferma.
Tampoco te has fijado que tu compañera de trabajo llevaba un moratón en el brazo porque su marido le ha vuelto a pegar.
De hecho, no te has dado ni cuenta que te has cruzado con tu mejor amiga en la misma calle de tu trabajo.
Vamos de casa al trabajo y del trabajo a casa. Igual pasas por el bus o por el gimnasio, pero de ahí no sales.
Ignoramos a la gente con la que nos cruzamos. Vamos tan centrados en nuestro móvil y en la música que vamos escuchando que nos miras ni a la cara al vendedor de una tienda o al conductor del autobús.
Somos tan egoístas por naturaleza, que no sabemos apreciar nada del mundo en el que vivimos. No nos fijamos en las flores que han salido nuevas en el parque de enfrente de casa ni que hoy no hay ninguna sola nube en el cielo y hace un sol resplandeciente.
Sobretodo, no somos conscientes de la capacidad que tenemos de cambiar el mundo, de decir: "Estoy aquí y voy a vivir". Nos convertimos en seres tan sedentarios y monótonos que no somos capaces de aprovechar esa capacidad que tenemos de interactuar con la gente para ayudarles a que su día o su vida sea un poco mejor. De hecho, no somos conscientes que con un solo "buenos días" o con un solo "hola" acompañado de una sonrisa, podemos alegrar el día a alguien o ser el único motivo por el que una persona pueda sonreír a lo largo de todo su día.
Por eso mismo, tenemos que intentar no ir tanto a la nuestra, empatizar más con la gente que nos rodea y con la que nos cruzamos en nuestro día a día, e intentar así hacer de este mundo un lugar un poquito mejor.
Sé que puede sonar a tópico, pero es la realidad, cada uno nos dedicamos a lo nuestro e ignoramos al resto del mundo y a cualquier problema que no sea el nuestro.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Cuando has bajado a comprar el pan esta mañana no te has fijado que la chica que vendía en el horno ya no es la misma que antes estaba, la anterior se ha puesto enferma y han contratado a una sustituta.
Hace unos días que no hablas con tus padres. Piensas que deberías llamarles.
Todavía no te has dado cuenta y ya ha pasado el día. Parece que hace diez minutos que te has levantado de la cama maldiciendo todo lo posible y ya estas otra vez en casa. Tienes que acabar unos presupuestos que no te ha dado tiempo a acabar en la oficina ya que tu jefe te ha dado para que le adelantes parte del suyo.
Has pasado todo el día sin fijarte en nada, pero sobretodo en nadie. No te has fijado que la chica que iba sentada a tu lado en el bus estaba llorando. Acababa de romper con su novio.
El hombre que estaba comprando el pan delante de ti no había dormido a penas porque volvía del hospital de cuidar a su hermana enferma.
Tampoco te has fijado que tu compañera de trabajo llevaba un moratón en el brazo porque su marido le ha vuelto a pegar.
De hecho, no te has dado ni cuenta que te has cruzado con tu mejor amiga en la misma calle de tu trabajo.
Vamos de casa al trabajo y del trabajo a casa. Igual pasas por el bus o por el gimnasio, pero de ahí no sales.
Ignoramos a la gente con la que nos cruzamos. Vamos tan centrados en nuestro móvil y en la música que vamos escuchando que nos miras ni a la cara al vendedor de una tienda o al conductor del autobús.
Somos tan egoístas por naturaleza, que no sabemos apreciar nada del mundo en el que vivimos. No nos fijamos en las flores que han salido nuevas en el parque de enfrente de casa ni que hoy no hay ninguna sola nube en el cielo y hace un sol resplandeciente.
Sobretodo, no somos conscientes de la capacidad que tenemos de cambiar el mundo, de decir: "Estoy aquí y voy a vivir". Nos convertimos en seres tan sedentarios y monótonos que no somos capaces de aprovechar esa capacidad que tenemos de interactuar con la gente para ayudarles a que su día o su vida sea un poco mejor. De hecho, no somos conscientes que con un solo "buenos días" o con un solo "hola" acompañado de una sonrisa, podemos alegrar el día a alguien o ser el único motivo por el que una persona pueda sonreír a lo largo de todo su día.
Por eso mismo, tenemos que intentar no ir tanto a la nuestra, empatizar más con la gente que nos rodea y con la que nos cruzamos en nuestro día a día, e intentar así hacer de este mundo un lugar un poquito mejor.
Sé que puede sonar a tópico, pero es la realidad, cada uno nos dedicamos a lo nuestro e ignoramos al resto del mundo y a cualquier problema que no sea el nuestro.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

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