Peñiscola, ¡que lugar más maravilloso!
Otro pueblecito que todavía no había visitado y al que tenía muchas ganas de ir era Peñíscola. Además, me lo habían recomendado un montón, ya que me habían dicho que era un pueblo maravilloso.
Para empezar la "mini-escapada", paramos a comer en un centro comercial de Castellón donde comimos en "Muerde la Pasta", un buffet libre en el que solamente se sirve comida italiana: pizzas, todo tipo de pasta, y hasta incluso carnes y pescados con salsas de queso y demás. También, hay una parte en la que hay ingredientes para montar una ensalada a tu gusto.
Pero sin duda, lo que más me gustó fue el postre, ya que habían pizzas dulces y estaban riquísimas. Otra cosa que también me gustó era que la bebida estaba incluida en el precio, es decir, tu pagas un precio por menú y la bebida la puedes recargar las veces que quieras en las máquinas de bebida.
Después de comer, nos fuimos ya directos a Peñíscola.
Nunca había estado allí, y claro, tampoco en su castillo. Allí vivió durante muchos años el Papa Luna y en estos últimos años el castillo ha sido escenario de algunas películas o series famosas:
Mirad que he estado en castillos, pero nunca había estado en uno que estuviera tan cerca del mar. Y con lo mucho que me gusta el mar, que el castillo estuviera tan pegado a él fue un punto a su favor para convertirse en uno de mis castillos favoritos.
Miraras donde miraras, veías el mar. Era fantástico.

Por otra parte, había una zona que era gratuita de visitar, es decir una zona hasta llegar a la zona más alta, donde comprabas una entrada de unos cuatro euros por persona, la cual tenía en su precio incluido al acceso también de los jardines del castillo, otra zona super chula que sería mejor no perderse de aquí.
Sin duda, mi rincón favorito fue la parte del castillo donde podías ver el faro de Peñíscola con el mar de fondo. Era un sitio maravilloso donde podría haberme pasado horas y horas mirando el mar sin cansarme, a la vez que leyendo un libro de Maxim o escuchando mi canción favorita de OT.
Además, este castillo me recordaba mucho al castillo de Guadalest o a Altea, ya que tenía unas calles (sobretodo dos) llenas de tiendecitas donde comprar recuerdos o detallitos.
Creo que no fue ningún error ir a visitar este castillo, puesto que, como ya he dicho antes, lo que más me gustó era que estaba rodeado totalmente por el mar (anteriormente Peñíscola era una isla), cosa que me encanta.
Mirases donde mirases, ahí estaba, en toda su inmensidad. Cualquier ventana, cualquier mirador, cualquier zona del castillo apuntaba hacía esa inmensa masa de agua que se hace llamar MAR.
Fue genial pasar el día en este castillo, que además tenía estas vistas tan maravillosas, y que pese al fuerte viento que hacia, las disfrutamos un montón.
Por esta razón, os recomiendo a todos que hagáis aunque sea una mini-escapada, y así, la puntúo con un pedazo de 9,ya que le daría un 10, pero por el inconveniente del aire no fue del todo perfecto.
Así, esto será una excusa para volver otro día (pero que no haga aire, eso si jijiji)
Nunca había estado allí, y claro, tampoco en su castillo. Allí vivió durante muchos años el Papa Luna y en estos últimos años el castillo ha sido escenario de algunas películas o series famosas:
Mirad que he estado en castillos, pero nunca había estado en uno que estuviera tan cerca del mar. Y con lo mucho que me gusta el mar, que el castillo estuviera tan pegado a él fue un punto a su favor para convertirse en uno de mis castillos favoritos.
Miraras donde miraras, veías el mar. Era fantástico.

Por otra parte, había una zona que era gratuita de visitar, es decir una zona hasta llegar a la zona más alta, donde comprabas una entrada de unos cuatro euros por persona, la cual tenía en su precio incluido al acceso también de los jardines del castillo, otra zona super chula que sería mejor no perderse de aquí.
Sin duda, mi rincón favorito fue la parte del castillo donde podías ver el faro de Peñíscola con el mar de fondo. Era un sitio maravilloso donde podría haberme pasado horas y horas mirando el mar sin cansarme, a la vez que leyendo un libro de Maxim o escuchando mi canción favorita de OT.
Además, este castillo me recordaba mucho al castillo de Guadalest o a Altea, ya que tenía unas calles (sobretodo dos) llenas de tiendecitas donde comprar recuerdos o detallitos.
Creo que no fue ningún error ir a visitar este castillo, puesto que, como ya he dicho antes, lo que más me gustó era que estaba rodeado totalmente por el mar (anteriormente Peñíscola era una isla), cosa que me encanta.
Mirases donde mirases, ahí estaba, en toda su inmensidad. Cualquier ventana, cualquier mirador, cualquier zona del castillo apuntaba hacía esa inmensa masa de agua que se hace llamar MAR.
Fue genial pasar el día en este castillo, que además tenía estas vistas tan maravillosas, y que pese al fuerte viento que hacia, las disfrutamos un montón.
Por esta razón, os recomiendo a todos que hagáis aunque sea una mini-escapada, y así, la puntúo con un pedazo de 9,ya que le daría un 10, pero por el inconveniente del aire no fue del todo perfecto.
Así, esto será una excusa para volver otro día (pero que no haga aire, eso si jijiji)





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