Lo mejor está por llegar.
En el post de la semana pasada, queridos lectores, os hablaba de los cambios, de los miedos e inseguridades que estos, por regla general, nos producen.
Pero también os contaba la importancia de estos, puesto que siempre siempre, traen cosas bonitas. Y con ellos, cada día me doy más cuenta de la importancia de dejar que las cosas fluyan, de no forzar nada, puesto que si estos cambios tienen que llegar, llegarán.
Exactamente, llegarán, pero sin forzarlos en ningún momento, ya que cuando estos cambios son forzados, no salen como deberían salir, como estaban predestinados a salir.
Es complicado, supongo, puesto que uno de los principales problemas de los seres humanos es la impaciencia y cómo lidiar con esta. Pero si algo estoy aprendiendo es a dejar que todo fluya, a no presionar y no forzar situaciones, momentos o personas.
Y si algo, lamentablemente, no sale como pensábamos que iba a salir, es importante no deprimirse o prensar que es un mundo. De todo se sale, y visto desde otra perspectiva seguramente el problema no sea tan tan grave. Pero si algo he aprendido realmente es a no querer ver todo blanco o negro totalmente, sino pensar en el resto de colores que existen. A intentar comprender al resto del mundo, sus necesidades, y sus también existentes problemas, y no solo centrarme en lo que me ocurra a mi. Pensar en el por qué de la decisión del otro e intentar ponerme en su piel.
Ahora bien, tampoco hay que ser tonto. De vez en cuando hay que hacerse de valer, ponerse en su sitio y no dejarse pisotear por absolutamente nadie. Porque una cosa es ser empático y ponerse en el lugar del otro, y otra muy distinta es ser tonto.
Por eso mismo, lo mas importante es ser consciente de que si algo no funciona, es por algo, porque algo muchísimo mejor esta por llegar. Porque la vida seguramente nos tenga preparado algo más bonito, que nos merezcamos realmente.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Pero también os contaba la importancia de estos, puesto que siempre siempre, traen cosas bonitas. Y con ellos, cada día me doy más cuenta de la importancia de dejar que las cosas fluyan, de no forzar nada, puesto que si estos cambios tienen que llegar, llegarán.
Exactamente, llegarán, pero sin forzarlos en ningún momento, ya que cuando estos cambios son forzados, no salen como deberían salir, como estaban predestinados a salir.
Es complicado, supongo, puesto que uno de los principales problemas de los seres humanos es la impaciencia y cómo lidiar con esta. Pero si algo estoy aprendiendo es a dejar que todo fluya, a no presionar y no forzar situaciones, momentos o personas.
Y si algo, lamentablemente, no sale como pensábamos que iba a salir, es importante no deprimirse o prensar que es un mundo. De todo se sale, y visto desde otra perspectiva seguramente el problema no sea tan tan grave. Pero si algo he aprendido realmente es a no querer ver todo blanco o negro totalmente, sino pensar en el resto de colores que existen. A intentar comprender al resto del mundo, sus necesidades, y sus también existentes problemas, y no solo centrarme en lo que me ocurra a mi. Pensar en el por qué de la decisión del otro e intentar ponerme en su piel.
Ahora bien, tampoco hay que ser tonto. De vez en cuando hay que hacerse de valer, ponerse en su sitio y no dejarse pisotear por absolutamente nadie. Porque una cosa es ser empático y ponerse en el lugar del otro, y otra muy distinta es ser tonto.
Por eso mismo, lo mas importante es ser consciente de que si algo no funciona, es por algo, porque algo muchísimo mejor esta por llegar. Porque la vida seguramente nos tenga preparado algo más bonito, que nos merezcamos realmente.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

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