El camino más bonito.
Muchas veces cuesta tantísimo encontrase a uno mismo. Saber quiénes somos, a donde queremos llegar, cuáles son nuestras metas...
Hay edades que son muy complicadas, en las cuales nos cuestionamos muchísimas cosas.
Hay cosas de las que no nos damos cuenta hasta que crecemos y nos convertíamos en verdaderos adultos.
Cuando somos pequeños no somos conscientes de lo verdaderamente importante en la vida, de lo innecesario que es preocuparnos por cualquier cosa. Cualquier “problema” se nos hace un mundo, sin ser conscientes de que todo paso, nada es para siempre y siempre, acaba yendo todo bien. Aunque igual muchas veces, los aquello que pensamos que son problemas serios, realmente no son tan serios, y conforme crecemos, aprendemos a ignorar un poco más a la gente, a sus opiniones y a todo aquello que no nos aporta nada, únicamente dolores de cabeza.
Tampoco somos conscientes muchas veces del verdadero valor de la amistad, aquel que tenemos que cuidar muchísimo, puesto que los amigos llegan a tú vida para quedarse, y vamos que si lo hacen. En cambio, cuando somos pequeños, no prestamos atención a esos detalles que marcan la diferencia. Por eso, necesitamos crecer para darnos cuenta de aquello(s) que valen la pena mantener en nuestra vida
Otra cosa de la que muchas veces no nos percatamos hasta que no crecemos es lo importaste que es quererse a uno mismo y no dejarse chafar por nadie. Es tan necesario tener eso claro. Tener clarísimo que, aunque muchas veces cueste, lo más importante es el amor propio. Y que aunque muchas veces parezca egoísmo puro, no lo es, de verdad. Porque hasta que no aprendamos a amarnos a nosotros mismo, nuestra vida, nuestras metas... no conseguiremos amar a nadie bien.
Y, por eso mismo, pienso que cuando comenzamos a darnos cuenta de esas cosas, es cuando empezamos a encontrarnos con nosotros mismos.
Porque aunque encontrarse a uno mismo es un proceso largo y lento, en el que hay que superar muchísimas piedras en el camino, tanto las que otros nos ponen, como las que nos ponemos a nosotros mismos; es un proceso también bonito, donde aprendemos a querernos a nosotros mismos, a darnos cuenta de a donde queremos llegar y cómo queremos hacerlo, de aquello que queremos en nuestra vida y aquello que nos sobra porque no nos hace felices...
Porque todos en algún momento (unos antes, otros más tarde...) acabamos encontrándonos, y creedme que cuando lo consigues, te sientes la persona más feliz y afortunada del mundo. Porque no hay nada más bonito que eso, encontrarse y quererse.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Hay edades que son muy complicadas, en las cuales nos cuestionamos muchísimas cosas.
Hay cosas de las que no nos damos cuenta hasta que crecemos y nos convertíamos en verdaderos adultos.
Cuando somos pequeños no somos conscientes de lo verdaderamente importante en la vida, de lo innecesario que es preocuparnos por cualquier cosa. Cualquier “problema” se nos hace un mundo, sin ser conscientes de que todo paso, nada es para siempre y siempre, acaba yendo todo bien. Aunque igual muchas veces, los aquello que pensamos que son problemas serios, realmente no son tan serios, y conforme crecemos, aprendemos a ignorar un poco más a la gente, a sus opiniones y a todo aquello que no nos aporta nada, únicamente dolores de cabeza.
Tampoco somos conscientes muchas veces del verdadero valor de la amistad, aquel que tenemos que cuidar muchísimo, puesto que los amigos llegan a tú vida para quedarse, y vamos que si lo hacen. En cambio, cuando somos pequeños, no prestamos atención a esos detalles que marcan la diferencia. Por eso, necesitamos crecer para darnos cuenta de aquello(s) que valen la pena mantener en nuestra vida
Otra cosa de la que muchas veces no nos percatamos hasta que no crecemos es lo importaste que es quererse a uno mismo y no dejarse chafar por nadie. Es tan necesario tener eso claro. Tener clarísimo que, aunque muchas veces cueste, lo más importante es el amor propio. Y que aunque muchas veces parezca egoísmo puro, no lo es, de verdad. Porque hasta que no aprendamos a amarnos a nosotros mismo, nuestra vida, nuestras metas... no conseguiremos amar a nadie bien.
Y, por eso mismo, pienso que cuando comenzamos a darnos cuenta de esas cosas, es cuando empezamos a encontrarnos con nosotros mismos.
Porque aunque encontrarse a uno mismo es un proceso largo y lento, en el que hay que superar muchísimas piedras en el camino, tanto las que otros nos ponen, como las que nos ponemos a nosotros mismos; es un proceso también bonito, donde aprendemos a querernos a nosotros mismos, a darnos cuenta de a donde queremos llegar y cómo queremos hacerlo, de aquello que queremos en nuestra vida y aquello que nos sobra porque no nos hace felices...
Porque todos en algún momento (unos antes, otros más tarde...) acabamos encontrándonos, y creedme que cuando lo consigues, te sientes la persona más feliz y afortunada del mundo. Porque no hay nada más bonito que eso, encontrarse y quererse.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

Comentarios
Publicar un comentario