La época soñada
Y ayer, con la noche de San Juan, dimos por inaugurado oficialmente el verano. Creo que la época del año que todo el mundo que espera que llegue.
Durante esta estación vivimos mundos imposibles de explicar a la vuelta de vacaciones, nos evadimos de la realidad, olvidamos nuestro día a día.
Cierto es que esto cambia conforme creces, puesto que no suele tener la misma ilusión un chico de 16 años que un señor de 50. Aunque sabéis que, la ilusión que cada uno tenga por las cosas no va con la edad, sino con la forma de ser de cada uno, y ahí es donde está la verdadera esencia de la persona.
Bueno, volviendo al verano, para mí siempre ha sido una época muy guay. Puede ser por mi edad, porque soy estudiante y tengo dos meses y medio de vacaciones, o por vete tu a saber qué, pero siempre me ha encantado.
Todos alguna vez hemos esperado esta época como agua de mayo. En esos dos meses y medio tu rutina cambia por completo, deja de ser la misma.
Puede que vuelvas al pueblo después de mucho tiempo, te reencuentras con toda tu gente de allí. Te centras en otras cosas que durante el año no te da tiempo ni a que se te pasen por la cabeza, puesto que lo que en verano se convierten en preocupaciones, en invierno ni te acuerdas de ellas.
Vuelves a aquel sitio que tanto te gusta, pero que durante los 10 meses de clase no te ha dado tiempo disfrutar. Continuas con aquel libro que te dejaste a medias y que olvidaste en cuanto empezaste las clases. Disfrutas de las canciones como si estuvieran escritas solo para ti.
Te ocurre de todo, desde las historias más penosas hasta las más divertidas. Disfrutas los paseos a la luz de la luna por la playa mientras tomas un helado. Te bañas en la piscina bajo las estrellas. Cantas a vivo pulmón tu canción favorita en la verbena del pueblo. Saboreas las frutas que has esperado todo el año a saborear, puesto que solo están en verano, como la sandía o el melón.
Y así podría seguir hasta quedarme sin voz, puesto que momentos como estos para relatar del verano hay infinitos. No podríamos acabar si contásemos todos. Es tan curioso como unos dos meses y poco dan para tanto que poder contar.
Y es que en verano ocurren tantos momentos que inolvidables, que después cuando acaba te pasas recordando el resto del año, hasta que vuelve a llegar esta época otra vez.
Imaginaos que, me encanta tanto el verano como Navidad, puesto que es un época para estar con familia, amigos, hacer otros nuevos, salir, entrar... pero sobretodo disfrutar, que es lo más importante.
Siempre hay un verano que, por una razón o por otra, recordamos con un sentido especial, es decir, aquel que llamamos "el verano de nuestra vida", que por mucho que vivamos muchos otros más, lo recordamos con más énfasis que ningún otro.
Lo peor sin duda, es cuando los dos meses y medio de vacaciones acaban y vemos como lentamente se acerca otra vez la maldita rutina, las clases, obligaciones y demás. Así que este es el momento de despedirse de la gente, de lugares, de momentos, de cosas...
Pero por ahora nosotros acabamos de empezarlo, por lo que tenemos que disfrutarlo a tope: viajar mucho, leer todos los libros que podamos, bañarnos en la piscina o en la playa siempre que se pueda, conocer mucha gente nueva, y como no, olvidarnos de las preocupaciones, que para eso ya las tenemos el esto del año. Que esta es la época de disfrutar y pasarlo y bien, y hay que aprovecharla.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Durante esta estación vivimos mundos imposibles de explicar a la vuelta de vacaciones, nos evadimos de la realidad, olvidamos nuestro día a día.
Cierto es que esto cambia conforme creces, puesto que no suele tener la misma ilusión un chico de 16 años que un señor de 50. Aunque sabéis que, la ilusión que cada uno tenga por las cosas no va con la edad, sino con la forma de ser de cada uno, y ahí es donde está la verdadera esencia de la persona.
Bueno, volviendo al verano, para mí siempre ha sido una época muy guay. Puede ser por mi edad, porque soy estudiante y tengo dos meses y medio de vacaciones, o por vete tu a saber qué, pero siempre me ha encantado.
Todos alguna vez hemos esperado esta época como agua de mayo. En esos dos meses y medio tu rutina cambia por completo, deja de ser la misma.
Puede que vuelvas al pueblo después de mucho tiempo, te reencuentras con toda tu gente de allí. Te centras en otras cosas que durante el año no te da tiempo ni a que se te pasen por la cabeza, puesto que lo que en verano se convierten en preocupaciones, en invierno ni te acuerdas de ellas.
Vuelves a aquel sitio que tanto te gusta, pero que durante los 10 meses de clase no te ha dado tiempo disfrutar. Continuas con aquel libro que te dejaste a medias y que olvidaste en cuanto empezaste las clases. Disfrutas de las canciones como si estuvieran escritas solo para ti.
Te ocurre de todo, desde las historias más penosas hasta las más divertidas. Disfrutas los paseos a la luz de la luna por la playa mientras tomas un helado. Te bañas en la piscina bajo las estrellas. Cantas a vivo pulmón tu canción favorita en la verbena del pueblo. Saboreas las frutas que has esperado todo el año a saborear, puesto que solo están en verano, como la sandía o el melón.
Y así podría seguir hasta quedarme sin voz, puesto que momentos como estos para relatar del verano hay infinitos. No podríamos acabar si contásemos todos. Es tan curioso como unos dos meses y poco dan para tanto que poder contar.
Y es que en verano ocurren tantos momentos que inolvidables, que después cuando acaba te pasas recordando el resto del año, hasta que vuelve a llegar esta época otra vez.
Imaginaos que, me encanta tanto el verano como Navidad, puesto que es un época para estar con familia, amigos, hacer otros nuevos, salir, entrar... pero sobretodo disfrutar, que es lo más importante.
Siempre hay un verano que, por una razón o por otra, recordamos con un sentido especial, es decir, aquel que llamamos "el verano de nuestra vida", que por mucho que vivamos muchos otros más, lo recordamos con más énfasis que ningún otro.
Lo peor sin duda, es cuando los dos meses y medio de vacaciones acaban y vemos como lentamente se acerca otra vez la maldita rutina, las clases, obligaciones y demás. Así que este es el momento de despedirse de la gente, de lugares, de momentos, de cosas...
Pero por ahora nosotros acabamos de empezarlo, por lo que tenemos que disfrutarlo a tope: viajar mucho, leer todos los libros que podamos, bañarnos en la piscina o en la playa siempre que se pueda, conocer mucha gente nueva, y como no, olvidarnos de las preocupaciones, que para eso ya las tenemos el esto del año. Que esta es la época de disfrutar y pasarlo y bien, y hay que aprovecharla.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

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