Lo complejo del ser humano.
Cada vez más, me doy cuenta de lo complejos que somos los humanos. De verdad, no hay ningún ser tan "difícil" como nosotros.
Nos pasamos la vida haciendo cosas (en el más amplio sentido de la expresión): estudiamos, trabajamos, salimos de fiesta, vamos al cine, viajamos, leemos, estamos con la familia, tenemos relaciones, nos casamos, tenemos hijos, dejamos de ver a gente, conocemos otra nueva... en fin, vivimos.
Pero para todas las cosas que hacemos y todas las decisiones que tomamos, tenemos la voz de nuestra conciencia dándonos la lata.
Nos hace pensar que lo que hemos hecho está mal, que lo podríamos haber hecho diferente, y mientras ella se queda tan tranquila, nosotros le damos 50000 vueltas a las cosas.
Pero,¿sabéis que? Hay muchas personas que se comportan igual que nuestra conciencia, es decir, se dedican a meterse en tu vida (sin que tu les des permiso alguno, claro), te hacen sentir mal por lo que has hecho, cuando tu lo que has hecho creías que estaba bien; te cambian las ideas, te vuelven a hacer sentir mal, intentan controlarte... Deciden que lo mejor que pueden hacer es eso, meterse en tu vida sin tu autorización, sin que tu les pidas que lo hagan, porque claro, tú piensas "¿Pero alguien ha pedido tu opinión o te ha pedido que decidas por mi?".
Es decir, lo que se suelen llamar personas tóxicas, que se convierte en sinónimo de "personas que cuanto más lejos de ti estén, mucho mejor". A estas personas os aseguro que lo mejor que podemos hacer es alejarlas lo máximo de nosotros, puesto que no nos hacen ningún bien.
Volviendo a lo que os decía antes de lo complejos que somos, es alucinante como nos afecta lo que otra persona, la conozcamos o no, piense de lo que hacemos, lo que somos o como actuamos. En lugar de confiar en nosotros mismos, en que lo que hacemos es lo correcto, que nos esforzamos y lo estamos haciendo lo mejor posible; pensamos que somos lo peor del mundo, que la otra persona tiene razón y que tendríamos que cambiar nuestra forma de pensar o de actuar.
Pues sabéis lo que os digo, que no, que hay que confiar en uno mismo, que hay que pensar que no nos podemos influenciar por el resto de la gente, que aunque estas nos conozcan, nunca jamás nos pueden conocer tan bien como nos conocemos a nosotros mismos. Nadie sabe lo que es mejor para nosotros excepto una persona, uno mismo. Y como ya he dicho muchas veces, equivocarse no es delito. Es lo más normal del mundo, y algo sano, además, que todos deberíamos de hacer alguna vez para saber como superarnos a nosotros mismos y aprender a cambiar las cosas que no nos gustan de nuestra vida.
Otras muchas veces, las personas no nos damos cuenta del daño que pueden hacer unas palabras a otra persona. Es decir, muchas veces hablamos sin pensar, sin analizar el daño que podemos hacer con solo un par de palabras o tres, las dudas e inseguridades que podemos causar a otras personas. Cosa que para nosotros no supone nada, puesto que ni nos hemos dado cuenta de lo que hemos dicho, mientras que a la otra persona le ha supuesto sentirse mal durante un buen rato o hacerle replantearse muchas cosas que no tendría que haberse replanteado, ya que para ella eran las correctas, y ni a nosotros ni a nadie nos importa lo que haga la otra persona con su vida.
Nadie debería ser dueño de nadie, puesto que ninguna persona es un objeto con la que poder jugar y llevar por el camino que uno quiera, sino que cada uno tiene que escoger su camino a seguir. Y hacerlo con todas sus consecuencias, sin que hayamos sido influidos por nadie, ni siquiera por nuestra conciencia, que es lo peor que hay en el mundo.
Espero que os haya gustado el post de hoy, puesto que yo me he desahogado un montón con él.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Nos pasamos la vida haciendo cosas (en el más amplio sentido de la expresión): estudiamos, trabajamos, salimos de fiesta, vamos al cine, viajamos, leemos, estamos con la familia, tenemos relaciones, nos casamos, tenemos hijos, dejamos de ver a gente, conocemos otra nueva... en fin, vivimos.
Pero para todas las cosas que hacemos y todas las decisiones que tomamos, tenemos la voz de nuestra conciencia dándonos la lata.
Nos hace pensar que lo que hemos hecho está mal, que lo podríamos haber hecho diferente, y mientras ella se queda tan tranquila, nosotros le damos 50000 vueltas a las cosas.
Pero,¿sabéis que? Hay muchas personas que se comportan igual que nuestra conciencia, es decir, se dedican a meterse en tu vida (sin que tu les des permiso alguno, claro), te hacen sentir mal por lo que has hecho, cuando tu lo que has hecho creías que estaba bien; te cambian las ideas, te vuelven a hacer sentir mal, intentan controlarte... Deciden que lo mejor que pueden hacer es eso, meterse en tu vida sin tu autorización, sin que tu les pidas que lo hagan, porque claro, tú piensas "¿Pero alguien ha pedido tu opinión o te ha pedido que decidas por mi?".
Es decir, lo que se suelen llamar personas tóxicas, que se convierte en sinónimo de "personas que cuanto más lejos de ti estén, mucho mejor". A estas personas os aseguro que lo mejor que podemos hacer es alejarlas lo máximo de nosotros, puesto que no nos hacen ningún bien.
Volviendo a lo que os decía antes de lo complejos que somos, es alucinante como nos afecta lo que otra persona, la conozcamos o no, piense de lo que hacemos, lo que somos o como actuamos. En lugar de confiar en nosotros mismos, en que lo que hacemos es lo correcto, que nos esforzamos y lo estamos haciendo lo mejor posible; pensamos que somos lo peor del mundo, que la otra persona tiene razón y que tendríamos que cambiar nuestra forma de pensar o de actuar.
Pues sabéis lo que os digo, que no, que hay que confiar en uno mismo, que hay que pensar que no nos podemos influenciar por el resto de la gente, que aunque estas nos conozcan, nunca jamás nos pueden conocer tan bien como nos conocemos a nosotros mismos. Nadie sabe lo que es mejor para nosotros excepto una persona, uno mismo. Y como ya he dicho muchas veces, equivocarse no es delito. Es lo más normal del mundo, y algo sano, además, que todos deberíamos de hacer alguna vez para saber como superarnos a nosotros mismos y aprender a cambiar las cosas que no nos gustan de nuestra vida.
Otras muchas veces, las personas no nos damos cuenta del daño que pueden hacer unas palabras a otra persona. Es decir, muchas veces hablamos sin pensar, sin analizar el daño que podemos hacer con solo un par de palabras o tres, las dudas e inseguridades que podemos causar a otras personas. Cosa que para nosotros no supone nada, puesto que ni nos hemos dado cuenta de lo que hemos dicho, mientras que a la otra persona le ha supuesto sentirse mal durante un buen rato o hacerle replantearse muchas cosas que no tendría que haberse replanteado, ya que para ella eran las correctas, y ni a nosotros ni a nadie nos importa lo que haga la otra persona con su vida.
Nadie debería ser dueño de nadie, puesto que ninguna persona es un objeto con la que poder jugar y llevar por el camino que uno quiera, sino que cada uno tiene que escoger su camino a seguir. Y hacerlo con todas sus consecuencias, sin que hayamos sido influidos por nadie, ni siquiera por nuestra conciencia, que es lo peor que hay en el mundo.
Espero que os haya gustado el post de hoy, puesto que yo me he desahogado un montón con él.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

Comentarios
Publicar un comentario