No importan los años de vida, importa la vida de esos años.
Si algo nos ha enseñado esta pandemia es la importancia de vivir al día y no dejar ni un momento por disfrutar. O al menos esa es la teoría.
Cuando estábamos encerrados en nuestras casas, confinados, cualquiera de nosotros hubiera dado lo que fuera por poder salir a dar un paseo, ver a tus familiares o amigos, ir al cine... Todos (absolutamente todos) pensábamos que al salir del confinamiento íbamos a ser más buenos, responsables, y sobre todo, íbamos a vivir más al día.
Y hoy, casi siete meses después de salir del confinamiento, ¿con qué nos encontramos? Pues con que seguimos siendo tan individualistas como antes del comienzo de la pandemia. Nos ahogamos en un vaso de agua y magnificamos nuestros pequeños problemas del día a día igual que hacíamos antes. Nada ha cambiado.
Por suerte, esto no ha pasado para todos en vano, puesto que algunos (entre los que humildemente me incluyo) hemos aprendido alguna que otra cosa (no solamente por la pandemia, sino por situaciones que te tocan varias vivir) y hemos crecido como personas.
Es inevitable que en la vida nos ocurran cosas que nos hagan no querer sacar fuerzas de ningún sitio, porque esas cosas ocurren, y cuando ocurren, nos dan hostias que ni si quiera esperábamos, o si esperábamos, no queríamos hacernos a la idea de que algún día iban a ocurrir.
Pero pese a eso, pese a esas situaciones, tenemos que seguir. Y aunque suene a tópico, lo más importante del mundo es levantarnos cada día con una pedazo de sonrisa.
Desde mi punto de vista, la sonrisa es el arma más fuerte con la que contamos, y con solo empezar el día con una dibujada en la cara, ya tenemos más de la mitad del trabajo hecho.
Porque mi más profundo deseo es llegar al final de mi vida y sentir que he vivido, que no he pasado por este mundo en vano. Que he intentado ser feliz y hacer feliz a los que me rodean. Que me he reído y he hecho reír. Que he viajado y he conocido todo lo que podía.
En definitiva y poder decir que he vivido a mi manera, pero he vivido.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

Genial reflexión
ResponderEliminar