Aprender para crecer

Queridos lectores,
¡Ya estoy por aquí de nuevo! Perdonad que no esté tan activa como antes, pero conforme sienta que lo necesito y que es hora de volver, volveré por aquí, como siempre, cada domingo. Y ahora me dejo del rollo tipo “influencer” (jeje) y voy a comenzar a escribir a cerca del post en si.
Con todo esto que hemos pasado y que dejamos atrás, es muy típico de anuncio de televisión o de spot publicitario la típica frase de “saldremos más reforzados”, “seremos más fuertes” o “seremos mejores personas”. Dejadme que os diga que, en gran parte no es así. Supongo que esta pandemia nos ha removido a todos por dentro, y en mayor o menor medida, nos ha hecho pensar y replantearnos muchas cosas: personas, hábitos, necesidades...
Porque tanto las necesidades, como las personas, como los hábitos cambian. Y hablo en el ámbito de las necesidades, por ejemplo, cuando digo que (por lo menos en mi caso), dándole la razón a muchos spots publicitarios, he cambiado mis necesidades, ya que he eliminado muchas que realmente no lo eran, y me he centrado en lo que necesito, y también a quien necesito.
Lo siento mucho por las campañas publicitarias, pero lo de “seremos mejor personas” no me lo creo del todo. Esta pandemia ha sacado lo mejor de muchas, muchísimas personas, que han sacado su lado más solidario y honrado para ayudar a los demás. Pero desgraciadamente, todo el mundo no es igual, y de muchas personas ha sacado su peor lado. Lado que probablemente siempre ha estado ahí, pero que ha tenido que venir una pandemia mundial y pararse el mundo para florecer. 
Gracias a Dios, si tiene algo bueno el ser humano es su capacidad de olvidar momentos dolorosos. Y es gracias a esa capacidad por la que cada uno de nosotros podrá olvidar todos y cada uno de los momentos de dolor que hemos vivido. Esto no quiere decir que nos olvidemos por completo, ya que sino el sentido común se perdería, y volveríamos atrás. Simplemente olvidar, o por lo menos pintar de algún color bonito en nuestra mente, para poder seguir viviendo. 
Al final, para eso estamos aquí, para vivir. Vivir, vivir y seguir viviendo.
Siendo completamente sincera, os digo, queridos lectores, que la enseñanza más grande que he vivido en mucho tiempo la estoy teniendo durante estos meses de mi vida, desde el 14 de marzo que se decretara el Estado de Alarma. Supongo que no han sido los meses más fáciles, ni para mi ni para nadie, pero gracias a eso, a esas hostias que, en mayor o menos medida, hemos vivido todos durante estos meses, yo por lo menos, he crecido a niveles que nunca me hubiese imaginado. He aprendido infinidad de cosas, de la vida, de la gente. Pero la mayor enseñanza que me llevo, y que aplico desde entonces, es que hay que vivir, vivir mucho. Vivir al día, sin pensar en mañana, en la semana que viene. Si algo lo puedes hacer hoy, hazlo. Porque puede que la semana que viene, o dentro de un mes, la vida dé un giro de 180 grados, y se joda un momento, una situación, un lugar... Y, por supuesto, mientras tanto, no te olvides que hemos venido aquí para vivir. 

Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa. 

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