Las buenas costumbres.
Cada día me doy má cuenta de lo complicada que es la vida. Cuando somos pequeños vemos el mundo de color de rosa, no tenemos preocupaciones ni tristezas.
Pero conforme vamos creciendo, nos damos cuenta que esto no es así, que por mucho que la vida pueda ser muy guay, también te puede enseñar su peor cara y dudar que sea tan guay.
No creo que haya que perder la esperanza en ella. Todo pasa y poco a poco todo vuelve a su sitio.
Por eso, cada día que vivimos, es una razón por la que tenemos que estar contentos, porque eso significa que estamos vivos.
Puede que la vida muchas veces nos dé golpes inesperados, golpes que no sabes por dónde coger ni cómo enfrentar, pero como he dicho antes, todo pasa.
Cuando la vida te da uno de esos golpes, os lo digo por experiencia, solemos valorar más lo que tenemos, sobretodo la gente que nos rodea, que está con nosotros y que nos arropa, puesto que son lo más importante.
Hay que disfrutar esos buenos que nos da la vida, puesto que no sabemos cuando nos sorprenderá con algún que otro golpe que hará que nos vengamos abajo y que no sepamos cómo reaccionar.
Por eso mismo, no hay que perder las buenas costumbres. Si, esas costumbres con las que nos sentimos plenos, que por tonterías que puedan parecer, nos hacen felices.
Costumbres como un refresco al sol un domingo por la mañana, una tarde de fútbol en familia, una cena de amigos, un paseo por la playa, o simplemente sentarte en el puerto a mirar al mar...
Costumbres que, como ya he dicho antes, por tonterías que parezcan, son lo más importante, ya que hacen que los malos momentos parezcan menos malos. Porque cosas que pueden parecen más grandes, como un viaje, o algo por el estilo, no lo son.
Porque lo que cuentan son los pequeños momentos que están al alcance de todos y que hacen nuestra vida un poco más bonita.
La vida son dos dias, queridos lectores, y solo te das cuenta de esto cuando te toca, así que a exprimirla al máximo.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.
Pero conforme vamos creciendo, nos damos cuenta que esto no es así, que por mucho que la vida pueda ser muy guay, también te puede enseñar su peor cara y dudar que sea tan guay.
No creo que haya que perder la esperanza en ella. Todo pasa y poco a poco todo vuelve a su sitio.
Por eso, cada día que vivimos, es una razón por la que tenemos que estar contentos, porque eso significa que estamos vivos.
Puede que la vida muchas veces nos dé golpes inesperados, golpes que no sabes por dónde coger ni cómo enfrentar, pero como he dicho antes, todo pasa.
Cuando la vida te da uno de esos golpes, os lo digo por experiencia, solemos valorar más lo que tenemos, sobretodo la gente que nos rodea, que está con nosotros y que nos arropa, puesto que son lo más importante.
Hay que disfrutar esos buenos que nos da la vida, puesto que no sabemos cuando nos sorprenderá con algún que otro golpe que hará que nos vengamos abajo y que no sepamos cómo reaccionar.
Por eso mismo, no hay que perder las buenas costumbres. Si, esas costumbres con las que nos sentimos plenos, que por tonterías que puedan parecer, nos hacen felices.
Costumbres como un refresco al sol un domingo por la mañana, una tarde de fútbol en familia, una cena de amigos, un paseo por la playa, o simplemente sentarte en el puerto a mirar al mar...
Costumbres que, como ya he dicho antes, por tonterías que parezcan, son lo más importante, ya que hacen que los malos momentos parezcan menos malos. Porque cosas que pueden parecen más grandes, como un viaje, o algo por el estilo, no lo son.
Porque lo que cuentan son los pequeños momentos que están al alcance de todos y que hacen nuestra vida un poco más bonita.
La vida son dos dias, queridos lectores, y solo te das cuenta de esto cuando te toca, así que a exprimirla al máximo.
Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

Comentarios
Publicar un comentario