Lo mejor de la vida no son cosas.

Nos pasamos la vida pensando en cosas a largo plazo. Nos centramos en objetos, cosas materiales que creemos que nos dan la felicidad, cuando lo que de verdad importan son los momentos.

Como ya he dicho muchas veces, vivimos deprisa, tan deprisa que no somos conscientes de lo importante o esencial que puede ser un momento o una persona en nuestra vida. Somos tan sedentarios que nos metemos en la rutina de una forma descarada, sin valorar los pequeños momentos y lo bueno que podemos sacar de ellos.
Vivimos tan tan deprisa que no nos da tiempo a valorar lo que tenemos, lo que hace que nuestra vida no decaiga por un simple mal día.
No valoramos las personas, los lugares, los olores, los paisajes... algo tan simple como una sonrisa por la mañana te puede reconfortar para todo el día.

Pensamos que vamos a vivir eternamente, que esto es para siempre, pero dejadme que os diga que la vida es solo un paseo, que se acaba antes de lo que pensamos.
A veces es tan dura con nosotros que no la valoramos, pero esos momentos duros son necesarios, porque gracias a ellos comenzamos a apreciar lo que de verdad importa.
Porque aquello que más nos importa es aquello a los que menos importancia solemos dar. Porque lo tomamos como algo tan común, algo que pensamos que siempre va a estar ahí y que nunca va a desaparecer, que no le damos la importancia que merece.

La vida es tan corta, tan tan corta, que lo mejor es exprimirla al máximo, no dejarnos influenciar por la gente que no merece la pena o incluso por los problemas que tampoco merecen la pena que dediquemos nuestro tiempo. Porque si un problema tiene solución, para que preocuparse, y sino la tiene también para que hacerlo.

Porque lo que no valoramos ahora es lo que más echaremos de menos en un futuro. Porque como ya he dicho antes, las cosas más importantes de la vida no son cosas. Y no nos damos cuenta de eso muchas veces hasta que esas cosas que estructuraban nuestra vida, que eran nuestros pilares, ya no están.

Así que, aunque suene a tópico, lo mejor es tomarse la vida con filosofía y no preocuparse por todo aquello que no vale la pena, sino por todo aquello que sea importante para nosotros, pero importante de verdad. Que cosas hay muchas, y si se rompe se arregla, y sino pues se compra otra, no tiene mayor importancia.
Lo complicado es cuando se rompen cosas que son imposibles de arreglar, porque no hay ninguna herramienta que las arregle o que se puedan sustituir por otras.
Y eso, creedme, es lo peor.

Por eso, lo único que nos queda es ser unos disfrutones de la vida, y disfrutar hasta de una lluvia o de un constipado, porque hasta de algo que puede hacer que nuestro día se vaya a la mierda, se puede sacar algo bueno. Siempre se puede sacar la parte positiva de cualquier situación.

Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

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