El diminuto lugar que ocupamos en el mundo

Cada día, me doy más cuenta del lugar tan pequeño que ocupamos en el mundo. De lo pequeños que somos y de lo poco que dependemos de nosotros mismos.
Estamos tan sujetos a otros factores, que nuestra vida puede cambiar de un momento a otro, sin que nosotros tengamos ninguna culpa ni podamos hacer nada para remediarlo. Tanto una enfermedad, como un accidente, como la propia meteorología pueden hacer que todo cambie.

Por ejemplo, hace una semana, vimos como en la isla de Mallorca sufrieron las terribles lluvias torrenciales provocadas por la Gota Fría, y sufrieron también sus consecuencias, que llevaron a que desgraciadamente hubieran 8 muertes, entre ellas la de un niño.
Las personas que la vivieron en ningún momento se hubieran imaginado lo que iba a ocurrir, ya que entre otras cosas, era un fenómeno insólito.
No solo tuvieron que hacer pérdidas materiales, sino también a personales, y eso es lo peor. En ningún se imaginarían lo que iba a ocurrir, y lo peor es que no estaba en su mano cambiar el curso de los acontecimientos. Iba a ocurrir hicieran lo que hicieran.
A esas personas les costará mucho reparar todos los daños que han tenido que vivir en tan poco tiempo, tanto los materiales como los sentimentales. Sobre todo los sentimentales. Esos son los peores. Porque las cosas, al final y al cabo son cosas, que de un momento a otro se podrán reponer; pero, el dolor vivido y visto durante esos días costará más de reparar.

Aquí en la Comunidad Valenciana, hace un par de días, también sufrimos las consecuencias de la Gota Fría, aunque a un nivel más bajo. Así, cuando ocurren estas cosas, es cuando nos damos cuenta que por muchas medidas que se tomen y por muy preparados que estemos ante la posibilidad de que ocurran estos fenómenos tan inesperados, no se pueden remediar. Ocurrirá lo que tenga que ocurrir, y cuando ocurra, después de la tormenta siempre llegará la calma, y será ahí cuando tengamos que intentar que vuelva todo a la normalidad lo antes posible.

Por eso, aunque a veces pensemos que somos el centro del mundo, que podemos controlarlo todo y que las cosas ocurren según a nosotros nos parece o se nos antojan, no es así. Tenemos que darnos cuenta que solo somos una de las millones y millones y millones de personas que hay en el mundo. Además de que no sabemos cuando puede cambiar nuestra vida, por una cosa o por otra, y puede hacer que todo cambie tal y como lo conocíamos. Por lo que, hay que disfrutarlo todo al máximo y olvidarnos de todo aquello que pueda hacernos sentir mal y centrarnos en lo que de verdad llena nuestra vida.

Gracias por leerme. Siempre.
Ainoa.

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